Hay imágenes que han sido tomadas de internet otras son mías, tomadas durante mi viaje a China.Si alguien tiene algún problema con las primeras, le ruego que me lo haga saber.Serán retiradas de inmediato.

martes, 29 de diciembre de 2009

Seda - 词典




Los tejidos de seda fueron elaborados por primera vez en la antigua China, y algunos indicios apuntan a que se fabricaron ya alrededor del año 3000 a. C., aunque hay evidencias más firmes de que la seda se usaba más ampliamente hacia el año 1300 a. C. La leyenda da crédito a que ya por entonces la Emperatriz de China, Xi Ling-Shi (Hsi-Ling-Shih, Lei-tzu) usaba vestidos de seda. Al principio la seda era un tejido reservado exclusivamente para los miembros de la Familia Imperial China, tanto para su propio uso como para ser regalado. Pero con el tiempo, dado su cada vez mayor uso a través de la cultura china acabó extendiéndose su producción, tanto geográfica como socialmente, hasta el punto que se expandió su uso hasta otras zonas de Asia.


La seda se convirtió rápidamente en un producto de lujo muy apreciado para los comerciantes, debido a su textura y brillo, además de ser un producto muy accesible y cómodo de transportar. Por ello, este producto llegó a tener una fuerte demanda, convirtiéndose en un elemento básico del comercio internacional pre-industrial. En el año 2007 los arqueólogos descubrieron en una tumba en la provincia de Jiangxi los restos de un vestido, cuyas fibras de seda estaban estrechamente tejidas y teñidas, fechada alrededor de la época de la dinastía Zhou del Este, con una antigüedad de unos 2500 años. Aunque los historiadores sospechan que la formación de la industria téxtil china relacionada con la seda fue un proceso largo, se sabe de la búsqueda de encontrar una manera de poder emplear los tejidos de seda mediante "técnicas complicadas" con las que se trataba el tejido y se lo teñía. Tales pruebas concretas y directas se encontraron antes de que se descubriera la excavación de Mawangdui y otras sedas que databan de la época de la dinastía Han (202 a. C.-220 d. C.).


La primera prueba del comercio internacional de la seda fue el hallazgo de una fibra de seda en el pelo de una momia egipcia de la 21ª dinastía, alrededor del año 1070 a. C. En última instancia, el comercio de la seda alcanzó lugares tan lejanos como el Subcontinente Indio, Oriente Medio, Europa y el norte de África. Este comercio estaba tan extendido que al conjunto de las principales rutas comerciales entre Europa y Asia se le llegó a conocer como la Ruta de la Seda.
Los emperadores de China se esforzaron por mantener en secreto el conocimiento de la sericicultura para conservar el monopolio de su país. Aun así, la sericicultura llegó a Corea alrededor del año 200 a. C., alrededor del primer siglo después de Cristo ya había llegado a la antigua Khotan y por el año 300 d. C. el cultivo de la seda estaba prácticamente establecido en la India.



Obteniendo el hilo


Enrollado de la seda en una ruedaLos capullos ahogados son clasificados por el tamaño de la fibra, su calidad y sus defectos y luego se cepilla para encontrar los filamentos. Varios filamentos se reúnen juntos y se ovillan sobre una rueda (enrollado, ver la foto). Cada capullo produce aproximadamente 1000 yardas (1 kilómetro) de fibra, conocida como fibra de seda en bruto. Varios filamentos se combinan para formar un hilo. Como las fibras se combinan y envuelven en la bobina pueden ser enrolladas para mantenerlas juntas. A este proceso se le llama "estirado" y la fibra resultante recibe el nombre de "hilo estirado". El tipo de hilo y la cantidad de giro se refieren al tejido producido. El tipo de hilo enrollado más fino se conoce como "único", donde ocho filamentos son enrollados juntos. Los hilos únicos pueden tener de dos o tres giros por pulgada y se utilizan para rellenar los hilos en las fábricas de seda.




Las Borras de seda (desperdicios de seda) se producen a partir de las porciones interiores de los capullos. Estos son desgomados (la sericina es neutralizada) e hilados igual que como cualquier otra fibra básica. O también puede ser mezclada con otro tipo de fibra básica y ser hilada en un hilo.

La producción de seda silvestre no está controlada. Los capullos han sido recogidos una vez que las polillas han salido de éstos, por lo que suelen quedar destrozados y la seda recogida suele ser de peor calidad. La fibra no puede ser enrollada y tiene que ser hilada a conciencia. Los tipos de seda salvaje incluyen la seda Tussah (más común), la Dupioni y finalmente, la Momme.



Ruta de la seda


Visión general de la Ruta de la sedaLa Ruta de la seda era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa que se extendía desde Chang'an (actualmente Xi'an) en China, Antioquía en Siria y Constantinopla (actualmente Estambul, Turquía) a las puertas de Europa y que llegaba hasta los reinos hispánicos en el siglo XV.






El término "Ruta de la seda" fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la seda,[1] en 1877.

Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba en ella, la seda, cuya elaboración era un secreto que sólo los chinos conocían, aunque los romanos se convirtieron en grandes aficionados tras conocer dicho secreto antes del comienzo de nuestra era a través de los partos: éstos organizaron entonces el comercio. Muchos productos transitaban estas rutas: piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, vidrio, materiales manufacturados coral, etc.




Origen

Se cuenta que el Emperador Wu de la Dinastía Han decidió en 138 a. C. fraguar alianzas con los reinos del oeste y del noroeste, enemigos de las tribus Xiang-Nu, ya que sufrían una serie de invasiones cada vez más frecuentes, más violentas y menos contenibles, protagonizadas por una serie de tribus nómadas situadas al noroeste de sus fronteras (los Hunos). Tribus cuya superioridad militar era una consecuencia directa del hábil manejo de una caballería fuerte, esbelta y ligera, más apta para la guerra que la china, cuyos caballos eran absolutamente inadecuados para toda actividad que exigiera rapidez de movimientos. Y por tal motivo, encomendó al general Zhang Qian esta misión, otorgándole cien de sus mejores guerreros y presentes de incalculable valor para sellar esta alianza militar y política.


Trece años después, habiendo sido hostigado durante diez años por los Hunos, el General Zhang Qian regresa a la Corte Imperial Han con sólo un miembro de la partida. Aunque no había logrado establecer ni una sola de las alianzas militares de su misión, el general Zhang informó a la corte, de la existencia de treinta y seis reinos, verdaderas potencias comerciales, en las fronteras oestes de China. En realidad, cuando el emperador Wu Di estaba cautivo consiguió mucha información de las tribus de Asia Central y países como el Nag-Si (Persia), Tiaozhi (Caldea) y Li- Qian (el Imperio romano). En el 126 a. C., volvió a la capital china Chang'an y en el 119 lanzó una ofensiva contra los hunos y se establecieron contactos entre la dinastía Han y los países de la región. Así, el general Zhang contó de los magníficos caballos de las llanuras del Valle de Ferghana en Asia Central (hoy Kirguizistán, Uzbekistán y Tayikistán), mucho más fuertes y veloces que los caballos chinos, con los que la caballería del Imperio Han podría enfrentar a los Hunos en mejores condiciones.




Posteriormente, las misiones diplomáticas y comerciales con los reinos del Valle de Ferghana no lograron garantizar la seguridad ni afianzar el comercio, por lo que China preparó una invasión a gran escala, aunque fue en la segunda embestida en el año 102 a. C. que China logró conquistar todas las tierras entre sus propias fronteras y los Reinos del Valle de Ferghana. Así los chinos no sólo consiguieron asegurarse la importación de los famosos caballos de las estepas, sino que consiguieron establecer sus propios productos en los mercados de estos reinos. Además, el emperador Zhang Qian obtuvo información sobre Roma y se encontraron en algunos relatos como la "historia de los Han" de Hou Hanshu, los de Sima Qian y Ban Gu y documentos enviados al emperador Wu Di.Cincuenta años más tarde, cuando Marco Licinio Craso cruzó el Eufrates para conquistar Parthia en el año 53 a. C., se asombró al ver un brillante, suave y maravilloso nuevo tejido. El emperador Wu Di envió una delegación al rey Mitrídates II en el 110 a.C y fue entonces cuando se inició la Ruta de la Seda. Unas décadas más tarde, las más acaudaladas familias de Roma, estaban maravilladas de vestirse con el más preciado tejido: la seda.



Una Enorme Red de Cultura Humana


A pesar de que el Barón von Richthofen bautizara, en 1870, a esta red comercial importantísima como (en alemán) Seidenstrasse, o Ruta de la Seda, es importante aclarar que la seda no era el único bien que se comerciaba a lo largo y ancho de la misma. China importaba, principalmente, oro, plata, piedras preciosas, marfil, cristal, perfumes, tintes, y otros textiles provenientes de Europa y de los reinos por donde transitaba la ruta y aquellos otros reinos aledaños que tenían sus propias rutas comerciales que engarzaban, en algún punto, con la misma Ruta de la Seda. El Imperio del Centro (China) exportaba mayormente: seda, pieles, cerámica, porcelana, especias, jade, bronce, laca y hierro.

No era común que los comerciantes atravesaran la Ruta de la Seda en todo su largo y ancho. Los mercaderes intentaban buscar el mejor precio a través de los mercados de su propio territorio o aventurándose en las fronteras de otros reinos, donde vendían sus mercancías, y los compradores, a su vez, extendían los bienes por su propio reino, o llevándolos a las fronteras de los más próximos en busca de mejores beneficios. Este canje, obedeciendo a leyes de mercado, hacía llegar las mercancías y bienes desde Chang'an (actual Xi'an) hasta Antioquía, en Siria, y de allí hasta Constantinopla, donde esperaban los navíos venecianos que llevarían esta inmensa cantidad de bienes y riqueza, no sólo proveniente de China, sino también de todos los reinos asiáticos y medio-orientales.



El eje Roma-Chang'an marcaba el principio y el final de una gran cadena de intercambios cuyos eslabones que enlazaban a territorios que hoy corresponden a Turquía con Siria, a Irak con Persia, al Cáucaso con las fronteras de la India y China; y cuyos centros comerciales, en los que se realizaban las últimas y las primeras transacciones, dependiendo si se avanzaba hacia Changan o hacia el Caspio, eran las ciudades próximas al valle de Fergana (Bukhara, Khiva y Samarkanda) o las situadas en el inhóspito desierto de Takla-Makan, cuyos oasis eran bien conocidos por los conductores de las caravanas; especialmente los de las ciudades de Tashkurgán, Kashgar, Yarkand y Hotan (o Jotán) en las que, por imperativos del clima, estaban obligadas a detenerse durante un período de tiempo siempre incierto hasta alcanzar el límite oeste de la verdadera China de entonces: la Puerta de Loulan.


Comerciantes en la ruta.Kashgar (la actual Kashi), punto de encuentro de las caravanas procedentes de la India, Afganistán, Tayikistán y Kirguizistán, era el otro extremo de la Ruta de la Seda en el territorio chino y, por tanto, el primer encuentro directo para las mercancías, las ideas y de las religiones entre China, Occidente y el sur de Asia. La ciudad de Yarkand, visitada por Marco Polo en dos ocasiones (en 1271 y en 1275), sigue siendo uno de los enclaves comerciales más importantes de la región autónoma de Xinjiang y uno de los centros musulmanes de mayor importancia en la República Popular China.

Por la Ruta de la Seda no circulaban solamente mercaderes con bienes de todos los reinos, sino también asaltadores, ladrones y pilluelos, por lo que los caminos no eran totalmente seguros. Así, lo peor que les podía pasar, era que por aquellos desfiladeros y glaciares, se despeñara un camello; perdieran al animal y a su preciada carga, y además su estiércol, que utilizaban como combustible. Y aún era peor, si el camello perdido transportaba comestibles. Casi en el 80 % de la Ruta, no hay árboles; sólo hielo, nieve y glaciares.


Algunas caravanas no llegaron nunca a su destino. Unas eran asaltadas por bandas feroces de asesinos, que para hacerse con las mercancías, no dudaban en matar, y otras veces, morían los caravaneros víctimas de accidentes o enfermedades. En cada localidad que paraban para descansar, debían proveerse de comida para un mes, por lo menos. No es de extrañar, que Plinio el Viejo dijese que la seda china era muy cara (“gastos inmensos”).

Si bien junto a mercaderes matones, la Ruta de la Seda también fue una vía donde el Budismo se extendió por toda Asia. Misioneros budistas de la India llevaron las enseñanzas del Buda desde la India a Taxila, de Taxila al Tíbet, del Tibet a Dunhuang, donde penetró en China. Los conocimientos más avanzados de la época, propios de las Universidades Budistas de Nalanda, Vikramasila, Odantapuri, Vilabhi y Ratnagiri, entre otras, circularon también de un reino a otro junto con los peregrinos, monjes, maestros y discípulos que viajaban en busca de conocimientos o a llevar sabiduría a los monasterios del Tibet, de Dunghuang o al complejo de Monasterios en las Grutas de Mogao, en China. También, monjes de todos los reinos iban de peregrinaje a la India en misiones para encontrar manuscritos y textos budistas originales para traducirlos a las lenguas vernaculares de sus propias regiones y traer conocimientos nuevos en los campos de la filosofía budista, la medicina o la astronomía.


Paralelamente a los monjes budistas, también trajinaron hacia el siglo V esta ruta los monjes y misioneros crisitianos nestorianos quienes establecieron varias misiones en el trayecto logrando un especial éxito entre los mongoles Khitan, e incluso una misión en la capital occidental de la China, la ya citada Xi'an (estela de Singanfu) y los misioneros maniqueos que convirtieron a los turcos uigures de Turfan.

Más tarde, con el apogeo del Islam bajo la Dinastía Omeya (661-750), que quería controlar las más importantes líneas comerciales a China, tomó la mitad occidental de la Ruta de la Seda, y esta se vio interrumpida, ahogando el comercio de otras naciones con precios elevados y altas tasas. Este fue el principio del fin.

El aspecto más importante del entramado comercial de esta ruta es el papel de intermediarios que ejercían los comerciantes islámicos. Éstos, conscientes de los beneficios económicos que dejaba este trasiego comercial, no permitieron la entrada de comerciantes europeos o asiáticos en la ruta, convirtiéndose en los elementos que hacían funcionar el sistema. Las caravanas, procedentes de Siria y Mesopotamia, cruzaban todo el continente asiático para adquirir -a bajo precio- los productos que después venderían -a precios desorbitados- a los comerciantes o intermediarios europeos, para ello, las caravanas hacían uso de una red de albergues llamados caravansarays para pernoctar, protegerse y proveerse.

Para el mundo islámico, la Ruta supuso una excelente fuente de ingresos que se convirtió en la base de su economía. Para Europa, una sangría económica irrenunciable (los productos eran insustituíbles).


(confeccionando edredon de seda)


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